Beneficiarios del Incentivo Especial ‘Medellín de Película’ – Escritura de guion

Desde la Comisión Fílmica de Medellín celebramos las nuevas creaciones audiovisuales que se desarrollan en nuestra ciudad. A pesar de la coyuntura atravesada en este 2020, el trabajo creativo y las búsquedas narrativas no se han detenido y, por el contrario, han encontrado en las transformaciones vividas en este año atípico una fuente de inspiración y reflexión. 

Buscando generar un mecanismo de apoyo para los realizadores audiovisuales y los creadores emergentes, en alianza con la Cinemateca Municipal lanzamos, entre el 2 y el 16 de julio, la Convocatoria Especial de Incentivos ‘Medellín de Película’, en la que recibimos 292 propuestas que fueron estudiadas por 30 jurados de la ciudad, quienes seleccionaron, por sus méritos narrativos, artísticos y técnicos, 19 proyectos para ser beneficiados económicamente en las áreas de escritura de cortometrajes, desarrollo documental, posproducción y promoción. 

Queremos destacar cada proyecto beneficiado y a los responsables detrás de su concepción. Por esa razón, nos acercamos a esas historias con el propósito de explorar lo que hay más allá de un nombre y un título en una resolución de jurados. Esta es una oportunidad para examinar los diferentes procesos creativos que giran en torno a la narrativa, descubrir las miradas diversas que conviven en una ciudad compleja y desigual como la que habitamos, y conocer los y las artistas -muchos de ellos apenas iniciando sus carreras- que, desde sus distintas disciplinas, apuestan por el crecimiento de nuestro sector audiovisual para hacer de la ciudad una #MedellínDePelícula. 

Les presentamos a los beneficiarios de la modalidad de Escritura de guion para formatos cortos.

Amor en los tiempos de como sea el ahora / Valentina Tejada
Kanekalón / Sara J. Asprilla Palomino
El ocaso de las criaturas / Jenny David Piedrahita
Lo anunciaron en la radio / José Andrés Arcila


AMOR EN LOS TIEMPOS DE COMO SEA EL AHORA

En un museo de arte donde los cuadros cobran vida cuando no hay público, una conserje decide intervenir cuando una adquisición nueva retrata una violación.

Valentina Tejada:

Guionista, directora, actriz. Valentina creció en Nueva York, donde estudió arte y teatro en el Abram Arts Center y La Guardia High School of Music & Performing Arts. Posteriormente, cursó estudios de guion, dirección y actuación en diversas instituciones de Medellín y Bogotá.

Participó en Bogoshorts En Obra con el corto El Gallina. Trabajó como traductora en el Festival de Cine del Oriente Antioqueño del 2016-2018 También colabora con el departamento de artes del Marine Foundation, ubicado en Japón, para crear un programa de intercambio cultural.

¿Cómo nace la historia?

«Yo amo el arte. El cine, la pintura, la fotografía, el baile, todas sus expresiones. Creo que el arte es lo que nos salva como seres humanos, dejándonos contemplar a nosotros mismos y al otro de una manera única.

Entonces como mujer latina y bisexual, es muy frustrante encontrarme con una cultura del arte que no reconoce su legado de exclusión, brutalidad, colonialismo, machismo, racismo, todo eso de su pasado, lo que hace que siga siendo su presente. 

Cuando no solo mostramos, sino que también engrandecemos a un solo tipo de narrativa, con corredor tras corredor de portarretratos de colonizadores, no estamos siendo neutros. La humanidad siempre ha sido compleja, con personajes diversos que han luchado por amor y libertad y que han sufrido. Al negar esto, nos robamos de nuestra conexión con la historia y nos negamos el derecho de despertar nuestro propio potencial humano, y con eso, la posibilidad de imaginar un mundo mejor, más libre.

Cuando podemos apropiarnos de las historias, somos capaces de sanar el daño que nos hacemos mutuamente en una sociedad indiferente.

Por eso quiero mostrar ese acto de apropiación, y de cariño. Porque amo el arte. Y quiero que el arte me ame a mí».

Estas son algunas de las obras de arte que inspiraron la historia:

Mujer del personal de limpieza del MoMA, Fritz Henle

Tres Jóvenes Blancos y una Mujer Negra, Christiaen van Couwenbergh

Bandolero Asesina a una Mujer, Francisco Goya

Lucrecia, Giovanni Battista Tiepolo

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KANEKALÓN

Bajo el calor del medio día en el centro de Quibdó, Gilito y sus amigos ofrecen extensiones de cabello del puesto de venta de su madre en La Alameda, a pesar de las miradas e insultos que el público les lanza.

Sara J. Asprilla Palomino

Nació en Bahía Solano, Chocó, en 1997. Estudiante de Ingeniería Multimedia en la Universidad de San Buenaventura y Comunicación Audiovisual y Multimedial en la Universidad de Antioquia. 

Dirigió el cortometraje documental Pelo Bonito (2018), estrenado en la  Muestra Internacional Documental de Bogotá, ganador en el Festival Internacional de Cortometrajes de Medellín y difundido en las bibliotecas públicas del Ministerio de Cultura. También codirigió y coprodujo el videoclip La Lentitud (2019), seleccionado en el 17° BOGOSHORTS. Hizo parte de la sección Bammers del Bogotá Audiovisual Market con el proyecto Kanekalón.

Su principal interés es la identidad cultural afrocolombiana y los encuentros de esta población con la identidad sexual y el género. Su búsqueda se encamina hacia la reflexión de diferentes formas de ser y sentirse afro mediante relatos sutiles y cotidianos.

¿Cómo nace la historia?

«Mi nombre es Sara J. Asprilla Palomino, soy una mujer afrochocoana y también soy sexualmente diversa. De entrada, menciono estos dos aspectos porque solía relacionarlos de forma separada, como si estuviera viviendo dos vidas.

Yo nací y me crié en el Chocó, crecí siendo consciente de que soy parte de una minoría étnica y abrazando mis raíces. En el colegio -en Quibdó- recibimos una educación fuerte en términos de cultura y etnia gracias a la cátedra de estudios afrocolombianos y actos cívicos. Conocí el racismo en teoría, pero realmente no llegué a presenciarlo en esos primeros años de mi vida porque habitaba en una ciudad mayoritariamente afro. A quien llegué a conocer primero fue a la homofobia, y de forma inversa: lo vi y lo escuché siempre, pero me encontré completamente desinformada.

Cuando me mudé a Medellín para empezar mi pregrado me encontré un nuevo círculo de amigos, gente más abierta y nuevos espacios.

Creí que estaba segura para descubrir mi expresión de género y vivir libremente mi sexualidad, pensé que podía pasar inadvertida entre la gente, pero me encontré con eso que tanto oí mencionar en el colegio.

No solo con respecto al racismo, sino que también me enteré de cuál es la imagen que se perpetúa sobre el Chocó en otras regiones, imagen que me sonaba muy ajena.

En medio de esos encuentros -o desencuentros-, busqué encajar y busqué aceptación. Encontré espacios de conversación que bien se extienden sobre temáticas afro, pero resultaron siendo círculos cis-heteronormados que invisibilizan a la población queer  que existe dentro de la diáspora; esto lo confirmé revisando la literatura de Curiel (2007-2014) y Gil-Hernández (2008), mostrándose como un silencio excluyente que se replica entre organizaciones étnico-raciales. Por el otro lado, también intenté hacer parte de grupos y semilleros sobre género y diversidad sexual, pero llegaban a ignorar  la literatura feminista afro.

Es evidente que el racismo y el heterosexismo son sistemas de opresión que se fundamentan el uno en el otro para existir, además del clasismo. Parece haber un conflicto entretejido entre la sexualidad y la identidad cultural, “marica negro no hay”, se le repite en el Chocó.

Pero lejos de someterse a invisibilizaciones, creo que la comunidad LGBT+ afro ha encontrado más de un mecanismo de participación en esa esfera pública que también es suya. Entonces, buscamos con nuestro cortometraje y otros proyectos, hablar desde la estética sobre cómo hemos reclamado esos lugares».

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EL OCASO DE LAS CRIATURAS

Marilyn esquiva los peligros de surcar las calles solitarias de una Medellín que lleva dos años en pandemia. Su regreso a casa se ve truncado por la nostalgia de ver de nuevo un atardecer.

Jenny David Piedrahita

Productora ejecutiva del largometraje «La Jauría» de Andrés Ramírez Pulido, ganador de FDC  en la categoría de Primera película 2019, del World Cinema Fund 2019,  fondo de la Fundación GAN de Francia 2019.  Productora de los cortometrajes «En busca de aire» (2015) ganador del Premio India Catalina en la categoría Nuevos creadores, «La noche resplandece» (2018) ganador de FDC en producción de cortometraje 2016 y premiado en Festival internacional de cine latinoamericano de Vancouver 2018 y «Las Fauces» (2020) ganador de FDC en producción de cortometraje 2018, reconocido como mejor cortometraje latinoamericano en el festival Curta Kinoforum de Brasil, seleccionado en  Festival internacional de cine latinoamericano de Vancouver 2020, FICVALDIVIA y El perro que ladra, del director Mauricio Maldonado. Ha participado en diversos proyectos en diferentes cargos del área de producción.

¿Cómo nace la historia?

«Por años he acompañado el trabajo de revisión y reescritura de guion de diferentes directores y directoras desde mi rol de productora creativa, en ese proceso he descubierto que quiero experimentar desde mi propia voz una escritura que me permita explorar mis afectos personales por el cine y las historias que me rodean y me involucran a nivel íntimo.

Es la primera vez que tomo el riesgo de escribir algo propio y narrativo. Estar encerrada ha traído sensaciones que no había explorado antes, sentirse libre a través de las letras, de las imágenes; tener la nostalgia inminente de que todo está cambiando, que todo se recrudece y que el mundo que conocíamos no volverá a ser.

Que la distopía que veíamos en el cine cada vez se percibe más cerca, que cada día parece un libro de historia escribiéndose sin final.

Las noticias son abrumadoras, el terror es constante, a la violencia que a diario venimos viviendo se le suma la sensación de una enemigo invisible que parece que nos atrapa a todos en un remolino de pavor, no siento que se deba al miedo o a la muerte inminente sino a sentir que lo que sigamos viviendo de ahora en adelante pueda ser cada vez más aterrador.

Escribir este guion es la excusa para empezar a poner en otros cuerpos los miedos que me atrapan. Al inicio de la cuarentena volví a realizar videos, ejercicios epistolares audiovisuales sobre las sensaciones que causa el aislamiento, un sentimiento muy extraño me atrapó, porque era volver a abrir las entrañas, sin pretensiones, sin esperar cambiar el mundo, solo el cine como necesidad expresiva.

La visibilización de los feminicidios que han sucedido durante el aislamiento obligatorio me han hecho reflexionar en la cantidad de mujeres que no tiene un lugar seguro, que tiene que surcar las calles para conseguir lo mínimo, una supervivencia que cada vez es más dura para los que están al final de la cadena de un sistema económico voraz, ese es el centro de mi historia. Una mujer que sale a la calle buscando su sustento, pero también con la curiosidad de descubrir qué es lo que hay afuera, de reencontrarse con lo que antes era natural y como algo tan evocador como contemplar un atardecer se convierte en una trampa que la pone en peligro. 

La escritura del guión gira alrededor de la premisa de qué pasaría si tuviéramos que sostener este encierro por dos años más, en qué nos convertiría, qué sería de la ciudad y cómo sobreviviríamos».

Ilustración de Sebastián García. IG: @sebastiangarcia109

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LO ANUNCIARON EN LA RADIO

Una pareja de viejos lidia a oscuras con la agonía de su perro. El hombre se niega a seguir el consejo de la mujer: matar por compasión a la mascota.

José Andrés Ardila

Guionista, escritor y editor de libros. En el 2018 ganó el incentivo de escritura de guion para largometraje de la Comisión Fílmica de Medellín. Su guion de largometraje La cábala del pez fue seleccionado para participar en los talleres internacionales de guion de Cine Qua Non Lab México, Bolivia LAB y el taller de creación cinematográfica de Ibermedia y la Fundación Carolina en Madrid.

Es autor de los libros de cuentos Divagaciones en el interior de una ballena y El libro del tedio y coguionista de los proyectos Yomaidy, amor (ganador del FDC) y La Herencia, ambos en etapa de postproducción.

¿Cómo nace la historia?

«Esta es una historia que podría parecer insustancial: en mi casa, no vimos Betty, la fea. La oímos. Crecí en Chigorodó, un pueblo del Urabá antioqueño. Y a mediados de los noventa, las guerrillas tumbaban torres de energía con una facilidad y una frecuencia alarmantes. De manera que, mientras todo el país se enloquecía con la telenovela de la fea más famosa, a nosotros, en la casa, nos tocaba imaginar a partir de las retransmisiones por la radio por qué Armando era tan cruel con esa pobre mujer. Exagero, en realidad. Conocíamos a Betty, sus frenillos, su copete, porque el apagón vino cuando la serie llevaba ya un buen tiempo en transmisión. 

Lo importante es que pasamos varios meses sin energía, con la promesa constante de que pronto todo iba a estar solucionado. Y nos acostumbramos a vivir así. A pasar las noches así. A ver televisión así. A jugar así. A conservar los alimentos así. A lidiar con el calor sofocante de Urabá así. Los que tenían plantas compraban gasolina. Los que no, compraban pilas para las radios caseras. Cocinábamos con petróleo. Hacíamos las tareas atrasadas con luz de vela. Planchábamos la ropa con la reliquia de una tía que funcionaba con carbón.

En mi memoria de niño, hubo una franja importante de mi vida en que los electrodomésticos eran tan útiles como los trastos más viejos de la casa.

Y esa inutilidad —no tenía forma de saberlo, o no me importaba— era el síntoma de un conflicto que ajustaba ya varias décadas y que en la región misma había cobrado cientos de muertos.

Quiero recoger algo de esa sensación en este cortometraje. Algo de esa espera, de esa noche que no acaba nunca, de esa angustia por una solución que llegará sabe Dios de dónde, y mientras tanto, en chiquito, las vidas, con la elasticidad que caracteriza a quienes se han enfrentado siempre a la adversidad, transcurriendo como mejor pueden: a oscuras, con sus afanes esperados, las discusiones familiares, las comidas, los platos sucios, el colegio, el calor, uf, el calor, abanicarse con una tapa de olla, con un cuaderno, con lo que sea, dormir temprano porque la noche sin energía acaba más pronto de lo que uno quiere, levantarse más temprano porque el día empieza con la primera luz del sol, los amores, las rivalidades, el drama de perder una mascota, de oírla gemir en algún lugar de la casa, buscarla a tientas, el consuelo insólito que da la oscuridad: no duele tanto si no se ve».

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Conoce los demás proyectos beneficiados: